Pensemos un poquito. ¿Qué puede tener en la cabeza una persona que la lleve a ocupar su tiempo leyendo sobre sociedades inexistentes, razas imposibles, mundos insólitos, máquinas ficticias y todas esas pavadas?
Es una pregunta completamente válida y dicho sea de paso no me la han hecho nunca, pero alcanza con ver las caras de quienes, conversando informalmente, nos preguntan
¿... y cuáles son tus preferencias literarias?
Y como soy bastante teatral, luego de una breve pausa diseñada para aumentar el efecto contesto
Leo y ESCRIBO ciencia ficciónA continuación un silencio largo, incómodo, se esparce por la sala. Poco a poco las cabezas más alejadas vuelven a mirar hacia donde lo hacían antes del anuncio, luego el murmullo interrumpido aumenta progresivamente de volumen y quienes nos rodeaban se sonríen como si acabaran de escuchar un chiste. Abruptamente cambian de tema como quien ha metido la pata mal, preguntado sobre la salud de un fallecido o confundido el nombre de la actual pareja de una amiga cercana.
¿Qué tiene esta pregunta, y su correspondiente respuesta, para producir ese efecto?